Revelando el rollo

Revelando el rolloRevisando las cajas viejas del desván, descubrí una pequeña que contenía en su interior varios rollos de película sin revelar. Todos eran de 35 mm, algo que casi nadie utiliza ya en esta época. Me llamó la atención que los carretes poseían una etiqueta engomada a la fecha de marzo de 1992 y la palabra Londres MG.

Le pregunté a mi abuelo que si sabía a quién pertenecían tales rollos:

– Eran de tu tío Aarón. Él se dedicó a la fotografía hasta que murió.

– Es verdad. No sé por qué no lo recordé en el momento en que encontré la cajita. Le respondí.

– Es muy simple. Tú tenías apenas cuatro años cuando él falleció a finales de abril de 1992.

– Ah, así que se puede decir que estas fotos son su último trabajo profesional.

– Sí, pero después de que llegó de Inglaterra, vino demasiado enfermo como para seguir trabajando. De hecho, sus últimos días los pasó en un cuarto de hospital.

– ¿De qué se enfermó abuelo?

– Los médicos no supieron explicarnos. Aparentemente los análisis que le practicaron salieron negativos. Es decir, en su sistema no había nada que indicara que hubiera contraído alguna bacteria o virus letal. Sin embargo, cuando le hicieron la autopsia, notaron que gran parte de su estómago e hígado estaban destrozados. Traté de buscar información al respecto, pero lo único que encontré fue una historia de terror pequeña anglosajona que decía algo acerca del muro de los gnomos.

– Eso es lo que significaban las siglas MG en los rollos. Gracias abuelo la información fue de gran ayuda.

Me fui corriendo a casa de mi amigo Gabriel, quien es un fanático de las viejas técnicas de revelado. Ambos entramos a la habitación oscura, preparamos los químicos y rescatamos la mayoría de las imágenes contenidas en los rollos.

El 95% de las fotos mostraban un muro de piedra con relieves de duendes. No obstante, las dos últimas de cada rollo, enseñaban a pequeños seres diminutos que se estaban introduciendo en la nariz de mi tío.

Posiblemente esas pequeñas entidades diabólicas, fueron la causa de su deceso. Han pasado dos semanas de ese hallazgo y ahora comienzo a sentirme enfermo. Espero que los duendes no me hayan contagiado a mí también.

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