La cama de la bruja

La cama de la brujaSon muy pocas las leyendas cortas de miedo que tienen un sustento real, como el cuento de la cama de la bruja, el cual tiene como protagonistas a un matrimonio de los Estados Unidos que decidió ir a comprar una cama a un mercado de pulgas, muy común en las regiones residenciales del Estado en donde vivían.

Una vez que consiguieron comprar la cama que estaban buscando para su hija que pronto la necesitaría, decidieron trasladarla hacia el hogar, aunque la guardaron en el sótano hasta que sea necesario que la niña duerma en su propia cama.

Una vez que pasó el tiempo, los padres decidieron que era momento de que pongan la cama adquirida en el mercado de pulgas en condiciones para lograr que de esa manera la niña pueda dormir sola sin problema alguno.

En los primeros días todo marchó sobre ruedas, debido a que la niña prácticamente no se quejaba del hecho de dormir sola en una habitación individual, aunque su salud se vio desmejorando desde que había comenzado a dormir en su propia cama, algo que no alertó a los padres debido a que sufría de problemas normales, como resfriados, tos, e incluso algunas veces un poco de fiebre.

Con el tiempo comenzaron a suceder acontecimientos extraños dentro de la casa, como ser el caso de que las puertas se cerraban solas, aparecían cuervos muertos en el patio de la casa, e incluso la niña había soñado con que una mujer con apariencia de bruja se había sentado en su cama mientras dormía. Esto sí alertó a los padres, por lo que decidieron llamar a un padre para que bendiga la casa. Una vez que éste ingresó al hogar y pasó por la habitación, sintió que una voz le decía: “Ven aquí”.

Cuentos latinos la mujer de los rieles

En un país de Centro América, en donde pasan las vías del ferrocarril, muchos son las personas que se suben, en búsqueda de un porvenir mejor, que el que le pueden dar sus países de origen. la mujer de los rieles Cuentan, que  en uno de estos lugares, se aparece una mujer que se sube cuando el tren esta en curso, solo para despertar a los hombres y mujeres que los ha vencido el sueño, todo esto pasa al llegar a Guatemala y le dicen “la de blanco”. Y aunque muchos de estas personas que se van a el norte, mas en especial a la Unión Americana, en búsqueda de una mejor calidad de vida, tanto para el, como para toda la familia que deja atrás, muchos de ellos, cuando el cansancio los vence, se caen y el tren destroza no nada mas el cuerpo, si no toda las ilusiones de las familias que quedan en la so-sobra. En una de estas tantas noches, Pablo del Villar, un todavía adolescente que se había animado a irse al sueño americano, en su travesía, por el tren, se le olvido amarrarse, como todos los compañeros, le habían advertido, y al caer en el sueño profundo, sintió que se caída, en eso despertó, y ya caía rumbo las vías del tren cuando una mano pálida,  lo tomo por el brazo, y lo sujeto, para que subiera por la escalinata, al llegar de nuevo, no vio a nadie con esas características, por lo que supo, que había sido salvado por la de blanco, de la cual todos hablaban. Desde ese día, y hasta el final de sus días, Pablo recordara que fue auxiliado de una muerte segura, cuando iba en el tren, y se encargo de hacer de ello un cuento latinoamericano, para que todos supieran de su existencia.

Cuentos latinoamericanos

Cuentos latinoamericanos

Los cuentos latinoamericanos difieren mucho de los europeos, ya que nosotros tratamos de entremezclar cosas inherentes a nuestra cultura en las tramas de esa clase de relatos.

Viene a mi memoria ahora mismo el”Café de Palmira”, una historia que me contaba mi tía Eufemia cuando iba a visitarla durante el invierno. Y es que el clima en el norte del país es extremoso, por lo que en época de frío es prácticamente imposible salir a jugar, pues aunque no hay nevadas las bajas temperaturas hacen que los huesos se te congelen.

Pero vayamos al cuento, porque si no terminaré refiriendo otra anécdota que nada tiene que ver con la idea de rememorar uno de mis cuentos latinoamericanos favoritos.

Sucede que en un pequeño pueblo de Veracruz, vivía una muchachita de nombre Palmira. Desde los 13 años de edad, se había quedado sola en este mundo, pues sus padres y hermanos habían muerto en un terrible incendio que ocurrió en su casa.

La única fuente de ingresos que tenía esa campesina era una minúscula porción de terreno donde sembraba granos de café. Los lugareños le tenían mucho aprecio y a menudo le obsequiaban ropa y víveres, ya que de las cosechas no obtenía casi ningún beneficio.

Sin embargo, una tarde se le acercó un pordiosero pidiéndole ayuda.

Cafe

– Niña, no tendrás unas monedas que me regales. Hace días que no pruebo bocado y me siento desfallecer.

– Claro señor, tenga estos $20, es todo lo que tengo. Usted los necesita más que yo.

– ¿En verdad, no tienes más dinero? Porque me lo vas a dar, si ni siquiera me conoces. Qué tal si yo utilizo este disfraz para embaucar chiquillas como tú y así poder quitarles su dinero.

– No creo que usted sea ningún sinvergüenza, en sus ojos puedo ver una bondad semejante a la que proyectaba mi padre. Es más, pase por favor, lo invito a tomar una taza de café.

– Tienes un corazón de oro muchacha y has sido desdichada sin motivo. Voy a hacer algo por ti.

No bien el hombre había terminado la frase cuando agitó sus manos por encima de la pileta de agua y le dijo a la joven:

– Guarda ese líquido y rocíalo en el café antes de envasarlo, pero ten cuidado, pues si abusas, te lo quitaré todo.

– La chica e ignoró la advertencia, ya que pensó que se trataba de una broma. Sin embargo, hizo lo que el pordiosero le indicó. Sus ventas aumentaron muchísimo. En pocos meses hizo una pequeña fortuna y se mudó de pueblo.

Pequeña fortuna

Transcurrieron así tres lustros en los que aquella joven de buenos sentimientos, se había convertido en una arrogante señora que miraba con desdén a todo aquel que no estuviera a su altura.

Una noche tropezó con ella el mismo pordiosero de años atrás.

El hombre enseguida la reconoció y exclamó:

– ¿No te acuerdas de mi verdad?

– Por supuesto que no, viejo tonto, quítese de en medio.

– No cabe duda que la mayoría de las veces el dinero transforma el corazón de la gente en piedra.

Antes de alejarse, el sujeto le tocó el hombro y Palmira se convirtió en un pocos segundos en pedrusco deforme.

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Los cuentos de Perrault

Los cuentos de Perrault

El ilustre autor escribió un total de 46 obras, ocho de ellas publicadas póstumamente. A excepción de los cuentos infantiles, toda su obra son loas al rey de Francia. A los 55 años escribió “Historias o Cuentos del pasado“, más conocido como “Los cuentos de la mamá Gansa“, con la cual se adjudicó un puesto seguro en el género de los cuentos de hadas, siendo recordado por obras tan entrañables como Caperucita Roja o Cenicienta, fruto de la recopilación de numerosas leyendas e historias de la tradición oral.

Se trata de cuentos morales, pero llenos de un encanto que perdura y que los ha convertido en las lecturas favoritas de los niños. Perrault limita el uso de lo maravilloso. En sus cuentos hay pocos personajes fantásticos: una decena de hadas, dos ogros (“Pulgarcito” y “El gato con botas”), y una ogresa (“La Bella Durmiente”). Dragones que tiran de la carroza del hada de “La Bella Durmiente”, el asno encantado en “Piel de Asno” y el gato que habla en “El gato con botas”. Los elementos mágicos se reducen a las varitas mágicas, las botas de las siete leguas (“La Bella Durmiente” y “Pulgarcito”), el anillo y el cofre de “Piel de Asno” y el zapatito de cristal de “Cenicienta”. Por el contrario, las descripciones de ambientes y situaciones de la vida contemporánea son muy abundantes. Perrault cuenta historias viejas, pero las sitúa en escenarios conocidos para los lectores de su época. Sus obras incluyen moralejas en verso que aparecen al final de cada cuento. Generalmente son dos: la primera está dirigida a los niños y la segunda, cargada de ironía, a los adultos.

Los cuentos de Perrault, en el momento en que fueron escritos, tenían un doble destinatario: las personas concurrentes a la corte de Versalles y los niños. Ahora bien, el mismo autor, en el prefacio a la cuarta edición de los tres cuentos en verso de 1694, indica que su obra está dedicada a los niños:

Aunque nunca dejaron de leerse, a principios del siglo XX los cuentos infantiles cortos de Perrault eran constituidos como un desborde de fantasía que no ayudaba a la educación de los niños. Eran descartados por considerarlos crueles o los transformaban en cuentos carentes de situaciones violentas en los cuales los personajes eran un modelo de bondad.

Lo importante es que, en nuestros días, junto a todo tipo de versiones censuradas por distintos motivos, también se publican versiones fieles a los originales de Perrault. Estas versiones, lejos de asustar o perturbar a los niños, les provocan verdadero placer ya que son obras literarias de calidad. Si sumamos a esto su valor como documentos históricos, tenemos dos razones valederas para seguir leyendo los cuentos tal como los escribió su autor.

El mantecado de fresa

El mantecado de fresa

– Señor Girón hemos recibido muchas denuncias por parte de sus clientes, asegurando que sus productos no cumplen con las normas mínimas de calidad.

– Eso es mentira inspector Bustos. Tengo 30 años dedicándome a los helados y le juro que sólo utilizo materia prima de primera.

– Precisamente para eso estamos aquí, comprobaremos que todo está en orden. Los refrigeradores están limpios y la mercancía se haya muy bien clasificada y acomodada.

– Ya lo ve, se lo dije. Sólo son calumnias de niños resentidos a los que no les he querido vender un cono de mantecado.

– ¿Y porque no les ha querido vender?

– No se haga. Bien sabemos que los niños de hoy en día no son lo que eran antes. Ahora con la mano en la cintura le faltan al respeto a sus mayores y hacen lo que quieren sin que nadie les pueda poner un alto. Respondió Bustos.

– Déjeme decirle que hasta donde vamos de la inspección, usted lleva una calificación de nueve. Vayamos ahora a la parte trasera. Me impresiona, las tablas, mezcladoras y utensilios están limpísimos, salvo ese contenedor de allá. ¡Demonios, qué mal huele!

– Es solamente helado envinado de chocolate. Se trata de una vieja receta francesa, quizás por eso le parece que tiene un aroma fuerte, pero una vez que el proceso de fermentación ha concluido, el sabor es exquisito. Es como para morirse. Rió Bustos.

– De acuerdo. Pero ¿y en esta tina que hay? Parecen restos de cerdo. No me diga que este es otro de sus sabores exóticos.

– En efecto, es un preparado para la nieve de carnitas. Solo que se me acaba de ocurrir que en vez de carne de cerdo, hoy utilizaremos un ingrediente especial.

Los ojos de heladero saltaron de sus órbitas, mientras empujaba al inspector Bustos a una trituradora gigante. Al hombre de salubridad no le dio ni siquiera tiempo de gritar por su vida, sus huesos y vísceras fueron convertidos en una pasta rojiza, la cual el señor Girón denominó como “mantecado de fresa”.

Hermosa dama en los rieles

Hermosa dama en los rielesEn los trenes muchas personas se han quitado su vida, muchos cuentos de terror hablan de lo mismo, algunas por desesperación y otras por accidente, sin embargo existe una hermosa dama que siempre aparece acostada sobre los rieles y provoca que los maquinistas frenen desmedidamente y esto ocasione caos, sin embargo, su cuerpo nunca aparece.

Las historias cuentan que una hermosa mujer fue abusada por varios hombres que trabajaban en la estación del tren y cuando intentó escapar fue atrapada por un tren a toda velocidad y nunca se hizo justicia, desde entonces afirman que al principio se escuchaban gritos de auxilio durante las noches al punto de que los hombres que abusaron de ella tuvieron que viajar muy lejos de cualquier vía de trenes ya que se escuchaban sus gritos tan fuertes como en aquella noche espantosa.

Luego de la partida de todos ellos, su cuerpo ahora descansa sobre las vías del tren, nadie ha logrado verla a no ser que vengas en el tren. Además se sospecha de ser siempre vista con su vestido negro y muy elegante ya que en aquella noche asistiría a la celebración de sus cumpleaños, por lo que se sospecha que al no cumplir este deseo, jamás se apartara del camino de los trenes.

La leyenda del hombre del turbante rojo

La leyenda del hombre del turbante rojo

Filiberto era conocido en todo el pueblo como un soberbio herrero. Fundía y fusionaba los metales como ningún otro. Una tarde un hombrecillo que llevaba un turbante rojo sobre su cabeza llamó a la puerta de su negocio.

– Que tal, ¿es usted don Filiberto?

– Sí, ¿en qué le puedo ayudar?

– Soy Husein Mohamed, señor de los hechizos oscuros.

– ¿Y qué es lo que quiere?

– Solamente deseo hablarle acerca de una visión que lo involucra a usted. Por la noche, lo visitará una mujer vestida con un abrigo de color azul y le pedirá que fabrique algo que usted no podrá hacer solo. Vengo a ofrecerle mis servicios, yo no pretendo ninguna remuneración económica por ellos, lo único que quiero es que omita comentarle a alguien sobre nuestro encuentro. ¿De acuerdo? Aquí tiene mi tarjeta. Estaré esperando su llamada.

– El reloj marcó las siete de la noche y la mujer descrita por Mohamed se presentó

– Buena noche señor, quiero que repare mi tren de hierro.

– ¿Qué le pasó?

– Las piezas no tienen ningún defecto. Lo que sucede es que como verá, cada vagón está adornado con calaveras y éstas se agitaban al ponerlo en funcionamiento. Sin embargo, desde hace varios días no se mueven.

Filemón miró cada vagón con detenimiento y no se explicaba cómo la mujer afirmaba que las figuras funestas se movían, si lo único que se apreciaba de ellas era su contorno. Aun así aceptó repararlo. Para ello le llamó al hombre del turbante rojo y este llegó cinco minutos después.

Entonces Mohamed sacó de un pequeño costal que contenía varios polvos y bañó con ellos los vagones del tren. Súbitamente, éstos comenzaron a emitir sonidos fantasmagóricos y las calaveras se volvieron movedizas.

– Filiberto, coloca tu mano en una de ellas para que veas lo que pasa. Dijo Mohamed.

– No, no deseo hacerlo.

– ¡Te lo ordeno!

Se desconoce el motivo, pero el herrero acató la orden del hombre del turbante rojo y al poner su yema sobre uno de los rostros de hueso, su cuerpo fue transformado en polvo y su calavera se colocó en un hueco vacío del vagón.

Después apareció la mujer de azul Y ambos forasteros salieron de ahí con el tren, sólo que ahora éste tenía anexado un pasajero más

Reconocidos cuentos latinoamericanos, para que te nutras con su facil lectura y buen contenido.