La pluma del águila

La pluma del águila

Mario era un historiador que se encontraba obsesionado con la cultura azteca. En su casa tenía libros de toda clase, los cuales recopilaban crónicas tanto indígenas como españolas.

Cuando tenía tiempo de irse de vacaciones, le gustaba dirigirse a sitios que estuvieran relacionados con la cultura mexica. Cierto día, mientras daba una conferencia sobre los emperadores aztecas, se le acercó un hombre de aspecto misterioso y le entregó un papel.

Dicho escrito contenía la hora y el lugar de una cita: “Hoy a las tres de la tarde en el restaurante del hotel”.

Mario quiso indagar más sobre aquel individuo, pero nadie de sus allegados lo conocía. Lo único que quedaba por hacer era esperar. A las 2:45 p.m. el historiador se hallaba aguardando el encuentro, literalmente sin dejar de frotarse las manos.

Pasaron 15 minutos y el sujeto en cuestión apareció. Llevaba una gabardina que le alcanzaba a tapar la mitad del rostro. También tenía unas grandes gafas oscuras que le cubrían los ojos.

Se sentó a la mesa y pronunció las siguientes palabras:

– Gusto en conocerlo Dr. Mario, me llamo Tonatiuh y tengo una proposición interesante que hacerle. ¿Supongo que ha escuchado la leyenda de la serpiente y el águila no?

– ¡Qué pregunta más tonta! Sabe que me dedico especialmente a cuestiones ligadas a la cultura azteca. Entonces, cuál es la razón de hacerme ese cuestionamiento.

– Tranquilícese. Todavía no termino. ¿Me puede decir quién fue el que envió a los mexicas hacia la búsqueda de un nuevo lugar en donde establecerse?

– Huitzilopochtli, el Dios supremo. Vuelvo a repetirle Sr. Tonatiuh, si esta charla sólo va a tratar temas superficiales de historia, mejor me marcho. Tengo cuestiones más importantes que hacer.

– Es usted una persona muy impaciente Dr. Mario. ¿Qué me contestaría si le digo que mis colegas y yo hemos encontrado un pueblo en el que dicen tener una de las plumas que perteneció a esa ave?

– Diría que es un embustero, pues mucha gente dedicada a crear cuentos latinoamericanos como ese.

– El poblado se llama Ayotl, salimos en dos días. Lo que me interesa es que usted nos acompañe para qué nos sirva de traductor y así poder adueñarnos de la pluma. Desde luego, sus esfuerzos serán recompensados con 40 millones de euros.

– ¿Tanto por una pluma de un ave?

– Sí, lo que sucede es que en otra excursión por esa región, encontramos una especie de símbolos que indicaban que quien posee la pluma se vuelve inmortal.

Cuentos latinoamericanos La pluma del águila

Mario aceptó, no sólo por la exorbitante paga que le prometieron, sino por su espíritu inquieto.

No bien habían llegado a Ayotl cuando Tonatiuh le pidió a Mario que se entrevistara con Kuautli el sacerdote de la comunidad.

Aquel era un hombre mayor, de aproximadamente 2 metros de estatura y unos 70 kilogramos de peso. Una de las cosas que más le impresionaron a Mario al momento de verlo fue que tenía una agilidad semejante a la de un adolescente.

El historiador y Kuautli platicaron por unos minutos en náhuatl. Luego este último los condujo a la pirámide sagrada. En la parte central de la construcción se hallaba un pedestal en donde descansaba la pluma que estaban buscando.

– Distraigamos al viejo y llevémonosla. Dijo Tonatiuh.

– ¡No puede hacer eso! Replicó Mario, hay una maldición para los que intenten robarla.

– Ese indio ya te lavó el cerebro. Aquí queda cancelado nuestro trato. Si no nos vas ayudar, no nos estorbes.

Tonatiuh y sus acompañantes tocaron la pluma al mismo tiempo. La tierra comenzó a temblar y aquellos hombres fueron enviados a las profundidades de la tierra.

Después de eso, tampoco nadie volvió a ver a Mario, aunque algunos aseguran que continúa viviendo tranquilamente en Ayotl.

La pluma del águila

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