Cuentos latinoamericanos

Cuentos latinoamericanos

Los cuentos latinoamericanos difieren mucho de los europeos, ya que nosotros tratamos de entremezclar cosas inherentes a nuestra cultura en las tramas de esa clase de relatos.

Viene a mi memoria ahora mismo el”Café de Palmira”, una historia que me contaba mi tía Eufemia cuando iba a visitarla durante el invierno. Y es que el clima en el norte del país es extremoso, por lo que en época de frío es prácticamente imposible salir a jugar, pues aunque no hay nevadas las bajas temperaturas hacen que los huesos se te congelen.

Pero vayamos al cuento, porque si no terminaré refiriendo otra anécdota que nada tiene que ver con la idea de rememorar uno de mis cuentos latinoamericanos favoritos.

Sucede que en un pequeño pueblo de Veracruz, vivía una muchachita de nombre Palmira. Desde los 13 años de edad, se había quedado sola en este mundo, pues sus padres y hermanos habían muerto en un terrible incendio que ocurrió en su casa.

La única fuente de ingresos que tenía esa campesina era una minúscula porción de terreno donde sembraba granos de café. Los lugareños le tenían mucho aprecio y a menudo le obsequiaban ropa y víveres, ya que de las cosechas no obtenía casi ningún beneficio.

Sin embargo, una tarde se le acercó un pordiosero pidiéndole ayuda.

Cafe

– Niña, no tendrás unas monedas que me regales. Hace días que no pruebo bocado y me siento desfallecer.

– Claro señor, tenga estos $20, es todo lo que tengo. Usted los necesita más que yo.

– ¿En verdad, no tienes más dinero? Porque me lo vas a dar, si ni siquiera me conoces. Qué tal si yo utilizo este disfraz para embaucar chiquillas como tú y así poder quitarles su dinero.

– No creo que usted sea ningún sinvergüenza, en sus ojos puedo ver una bondad semejante a la que proyectaba mi padre. Es más, pase por favor, lo invito a tomar una taza de café.

– Tienes un corazón de oro muchacha y has sido desdichada sin motivo. Voy a hacer algo por ti.

No bien el hombre había terminado la frase cuando agitó sus manos por encima de la pileta de agua y le dijo a la joven:

– Guarda ese líquido y rocíalo en el café antes de envasarlo, pero ten cuidado, pues si abusas, te lo quitaré todo.

– La chica e ignoró la advertencia, ya que pensó que se trataba de una broma. Sin embargo, hizo lo que el pordiosero le indicó. Sus ventas aumentaron muchísimo. En pocos meses hizo una pequeña fortuna y se mudó de pueblo.

Pequeña fortuna

Transcurrieron así tres lustros en los que aquella joven de buenos sentimientos, se había convertido en una arrogante señora que miraba con desdén a todo aquel que no estuviera a su altura.

Una noche tropezó con ella el mismo pordiosero de años atrás.

El hombre enseguida la reconoció y exclamó:

– ¿No te acuerdas de mi verdad?

– Por supuesto que no, viejo tonto, quítese de en medio.

– No cabe duda que la mayoría de las veces el dinero transforma el corazón de la gente en piedra.

Antes de alejarse, el sujeto le tocó el hombro y Palmira se convirtió en un pocos segundos en pedrusco deforme.

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