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Cuentos la mala suerte la controla uno

Ramon Figo, un inmigrante en estados unidos, que había recorrido todo el continente latinoamericano, para llegar al país de los sueños, de Brasil y con toda una vida por delante, llego a la Florida, para hacer realidad todas sus ideas, pero algo tenia el pobre Ramon y es que siempre tuvo mala suerte.

mala suerte

Nunca supo si fue algún tipo de maldición, o hechizo, ya que en su pueblo se hablaba mucho de eso, y al no conocer sus padres, nunca supo si tenia algo en su alma, que le impedía llevar una vida normal.

Nada le salia bien, la migra lo había sacado del país, en las circunstancias mas estúpidas, y el terco, tardaba meses en regresar, para caer por cualquier tontería de nuevo, en las manos de los encargados de migración.

Paso un tiempo y parecía que todo cambiaba, ya que encontró a una mujer que le dijo que ella podría ayudarlo, y que sus padres, lo buscaban aun en su natal pueblo, algo que nadie podría saber, pero la mujer al ser vidente, le sabia todo.

Le ayudo con un talismán, para que la mala suerte que le seguía, no le afectara, pero le pidió que lo cuidara bien, entonces el hombre se volvió a su país.

Llego, pero nada de lo que había dicho la mujer había sido cierto, el pobre hombre en una de las sesiones, se quedo dormido, y se sabia que en sueños hablaba y respondía todo lo que le preguntaran, entonces entendió que solo habían jugado con el.

Lo que se dio cuenta, es que la mala suerte en la vida no existe, y que el talismán no tenia ningún poder, solo es el poder de la mente y el alma lo que nos ayuda a salir de las malas rachas que pueda llegar a tener uno en la vida, y que si dios manda problemas, siempre serán los que puedas resolver en tu vida, para darte la sabiduría.

 

 

 

La pluma del águila

La pluma del águila

Mario era un historiador que se encontraba obsesionado con la cultura azteca. En su casa tenía libros de toda clase, los cuales recopilaban crónicas tanto indígenas como españolas.

Cuando tenía tiempo de irse de vacaciones, le gustaba dirigirse a sitios que estuvieran relacionados con la cultura mexica. Cierto día, mientras daba una conferencia sobre los emperadores aztecas, se le acercó un hombre de aspecto misterioso y le entregó un papel.

Dicho escrito contenía la hora y el lugar de una cita: “Hoy a las tres de la tarde en el restaurante del hotel”.

Mario quiso indagar más sobre aquel individuo, pero nadie de sus allegados lo conocía. Lo único que quedaba por hacer era esperar. A las 2:45 p.m. el historiador se hallaba aguardando el encuentro, literalmente sin dejar de frotarse las manos.

Pasaron 15 minutos y el sujeto en cuestión apareció. Llevaba una gabardina que le alcanzaba a tapar la mitad del rostro. También tenía unas grandes gafas oscuras que le cubrían los ojos.

Se sentó a la mesa y pronunció las siguientes palabras:

– Gusto en conocerlo Dr. Mario, me llamo Tonatiuh y tengo una proposición interesante que hacerle. ¿Supongo que ha escuchado la leyenda de la serpiente y el águila no?

– ¡Qué pregunta más tonta! Sabe que me dedico especialmente a cuestiones ligadas a la cultura azteca. Entonces, cuál es la razón de hacerme ese cuestionamiento.

– Tranquilícese. Todavía no termino. ¿Me puede decir quién fue el que envió a los mexicas hacia la búsqueda de un nuevo lugar en donde establecerse?

– Huitzilopochtli, el Dios supremo. Vuelvo a repetirle Sr. Tonatiuh, si esta charla sólo va a tratar temas superficiales de historia, mejor me marcho. Tengo cuestiones más importantes que hacer.

– Es usted una persona muy impaciente Dr. Mario. ¿Qué me contestaría si le digo que mis colegas y yo hemos encontrado un pueblo en el que dicen tener una de las plumas que perteneció a esa ave?

– Diría que es un embustero, pues mucha gente dedicada a crear cuentos latinoamericanos como ese.

– El poblado se llama Ayotl, salimos en dos días. Lo que me interesa es que usted nos acompañe para qué nos sirva de traductor y así poder adueñarnos de la pluma. Desde luego, sus esfuerzos serán recompensados con 40 millones de euros.

– ¿Tanto por una pluma de un ave?

– Sí, lo que sucede es que en otra excursión por esa región, encontramos una especie de símbolos que indicaban que quien posee la pluma se vuelve inmortal.

Cuentos latinoamericanos La pluma del águila

Mario aceptó, no sólo por la exorbitante paga que le prometieron, sino por su espíritu inquieto.

No bien habían llegado a Ayotl cuando Tonatiuh le pidió a Mario que se entrevistara con Kuautli el sacerdote de la comunidad.

Aquel era un hombre mayor, de aproximadamente 2 metros de estatura y unos 70 kilogramos de peso. Una de las cosas que más le impresionaron a Mario al momento de verlo fue que tenía una agilidad semejante a la de un adolescente.

El historiador y Kuautli platicaron por unos minutos en náhuatl. Luego este último los condujo a la pirámide sagrada. En la parte central de la construcción se hallaba un pedestal en donde descansaba la pluma que estaban buscando.

– Distraigamos al viejo y llevémonosla. Dijo Tonatiuh.

– ¡No puede hacer eso! Replicó Mario, hay una maldición para los que intenten robarla.

– Ese indio ya te lavó el cerebro. Aquí queda cancelado nuestro trato. Si no nos vas ayudar, no nos estorbes.

Tonatiuh y sus acompañantes tocaron la pluma al mismo tiempo. La tierra comenzó a temblar y aquellos hombres fueron enviados a las profundidades de la tierra.

Después de eso, tampoco nadie volvió a ver a Mario, aunque algunos aseguran que continúa viviendo tranquilamente en Ayotl.

La pluma del águila

Cuentos latinos la mujer de los rieles

En un país de Centro América, en donde pasan las vías del ferrocarril, muchos son las personas que se suben, en búsqueda de un porvenir mejor, que el que le pueden dar sus países de origen. la mujer de los rieles Cuentan, que  en uno de estos lugares, se aparece una mujer que se sube cuando el tren esta en curso, solo para despertar a los hombres y mujeres que los ha vencido el sueño, todo esto pasa al llegar a Guatemala y le dicen “la de blanco”. Y aunque muchos de estas personas que se van a el norte, mas en especial a la Unión Americana, en búsqueda de una mejor calidad de vida, tanto para el, como para toda la familia que deja atrás, muchos de ellos, cuando el cansancio los vence, se caen y el tren destroza no nada mas el cuerpo, si no toda las ilusiones de las familias que quedan en la so-sobra. En una de estas tantas noches, Pablo del Villar, un todavía adolescente que se había animado a irse al sueño americano, en su travesía, por el tren, se le olvido amarrarse, como todos los compañeros, le habían advertido, y al caer en el sueño profundo, sintió que se caída, en eso despertó, y ya caía rumbo las vías del tren cuando una mano pálida,  lo tomo por el brazo, y lo sujeto, para que subiera por la escalinata, al llegar de nuevo, no vio a nadie con esas características, por lo que supo, que había sido salvado por la de blanco, de la cual todos hablaban. Desde ese día, y hasta el final de sus días, Pablo recordara que fue auxiliado de una muerte segura, cuando iba en el tren, y se encargo de hacer de ello un cuento latinoamericano, para que todos supieran de su existencia.

Cuentos latinoamericanos

Cuentos latinoamericanos

Los cuentos latinoamericanos difieren mucho de los europeos, ya que nosotros tratamos de entremezclar cosas inherentes a nuestra cultura en las tramas de esa clase de relatos.

Viene a mi memoria ahora mismo el”Café de Palmira”, una historia que me contaba mi tía Eufemia cuando iba a visitarla durante el invierno. Y es que el clima en el norte del país es extremoso, por lo que en época de frío es prácticamente imposible salir a jugar, pues aunque no hay nevadas las bajas temperaturas hacen que los huesos se te congelen.

Pero vayamos al cuento, porque si no terminaré refiriendo otra anécdota que nada tiene que ver con la idea de rememorar uno de mis cuentos latinoamericanos favoritos.

Sucede que en un pequeño pueblo de Veracruz, vivía una muchachita de nombre Palmira. Desde los 13 años de edad, se había quedado sola en este mundo, pues sus padres y hermanos habían muerto en un terrible incendio que ocurrió en su casa.

La única fuente de ingresos que tenía esa campesina era una minúscula porción de terreno donde sembraba granos de café. Los lugareños le tenían mucho aprecio y a menudo le obsequiaban ropa y víveres, ya que de las cosechas no obtenía casi ningún beneficio.

Sin embargo, una tarde se le acercó un pordiosero pidiéndole ayuda.

Cafe

– Niña, no tendrás unas monedas que me regales. Hace días que no pruebo bocado y me siento desfallecer.

– Claro señor, tenga estos $20, es todo lo que tengo. Usted los necesita más que yo.

– ¿En verdad, no tienes más dinero? Porque me lo vas a dar, si ni siquiera me conoces. Qué tal si yo utilizo este disfraz para embaucar chiquillas como tú y así poder quitarles su dinero.

– No creo que usted sea ningún sinvergüenza, en sus ojos puedo ver una bondad semejante a la que proyectaba mi padre. Es más, pase por favor, lo invito a tomar una taza de café.

– Tienes un corazón de oro muchacha y has sido desdichada sin motivo. Voy a hacer algo por ti.

No bien el hombre había terminado la frase cuando agitó sus manos por encima de la pileta de agua y le dijo a la joven:

– Guarda ese líquido y rocíalo en el café antes de envasarlo, pero ten cuidado, pues si abusas, te lo quitaré todo.

– La chica e ignoró la advertencia, ya que pensó que se trataba de una broma. Sin embargo, hizo lo que el pordiosero le indicó. Sus ventas aumentaron muchísimo. En pocos meses hizo una pequeña fortuna y se mudó de pueblo.

Pequeña fortuna

Transcurrieron así tres lustros en los que aquella joven de buenos sentimientos, se había convertido en una arrogante señora que miraba con desdén a todo aquel que no estuviera a su altura.

Una noche tropezó con ella el mismo pordiosero de años atrás.

El hombre enseguida la reconoció y exclamó:

– ¿No te acuerdas de mi verdad?

– Por supuesto que no, viejo tonto, quítese de en medio.

– No cabe duda que la mayoría de las veces el dinero transforma el corazón de la gente en piedra.

Antes de alejarse, el sujeto le tocó el hombro y Palmira se convirtió en un pocos segundos en pedrusco deforme.

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