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Los cuentos de Perrault

Los cuentos de Perrault

El ilustre autor escribió un total de 46 obras, ocho de ellas publicadas póstumamente. A excepción de los cuentos infantiles, toda su obra son loas al rey de Francia. A los 55 años escribió “Historias o Cuentos del pasado“, más conocido como “Los cuentos de la mamá Gansa“, con la cual se adjudicó un puesto seguro en el género de los cuentos de hadas, siendo recordado por obras tan entrañables como Caperucita Roja o Cenicienta, fruto de la recopilación de numerosas leyendas e historias de la tradición oral.

Se trata de cuentos morales, pero llenos de un encanto que perdura y que los ha convertido en las lecturas favoritas de los niños. Perrault limita el uso de lo maravilloso. En sus cuentos hay pocos personajes fantásticos: una decena de hadas, dos ogros (“Pulgarcito” y “El gato con botas”), y una ogresa (“La Bella Durmiente”). Dragones que tiran de la carroza del hada de “La Bella Durmiente”, el asno encantado en “Piel de Asno” y el gato que habla en “El gato con botas”. Los elementos mágicos se reducen a las varitas mágicas, las botas de las siete leguas (“La Bella Durmiente” y “Pulgarcito”), el anillo y el cofre de “Piel de Asno” y el zapatito de cristal de “Cenicienta”. Por el contrario, las descripciones de ambientes y situaciones de la vida contemporánea son muy abundantes. Perrault cuenta historias viejas, pero las sitúa en escenarios conocidos para los lectores de su época. Sus obras incluyen moralejas en verso que aparecen al final de cada cuento. Generalmente son dos: la primera está dirigida a los niños y la segunda, cargada de ironía, a los adultos.

Los cuentos de Perrault, en el momento en que fueron escritos, tenían un doble destinatario: las personas concurrentes a la corte de Versalles y los niños. Ahora bien, el mismo autor, en el prefacio a la cuarta edición de los tres cuentos en verso de 1694, indica que su obra está dedicada a los niños:

Aunque nunca dejaron de leerse, a principios del siglo XX los cuentos infantiles cortos de Perrault eran constituidos como un desborde de fantasía que no ayudaba a la educación de los niños. Eran descartados por considerarlos crueles o los transformaban en cuentos carentes de situaciones violentas en los cuales los personajes eran un modelo de bondad.

Lo importante es que, en nuestros días, junto a todo tipo de versiones censuradas por distintos motivos, también se publican versiones fieles a los originales de Perrault. Estas versiones, lejos de asustar o perturbar a los niños, les provocan verdadero placer ya que son obras literarias de calidad. Si sumamos a esto su valor como documentos históricos, tenemos dos razones valederas para seguir leyendo los cuentos tal como los escribió su autor.